Capablanca: uno los mejores ajedrecistas

Capablanca: uno los mejores ajedrecistas

José Raúl Capablanca es considerado como un genio del ajedrez. Incluso después de su muerte el 8 de marzo de 1942, a los 54 años, sus obras de arte en forma de partidas han logrado inmortalizar al cubano quien, evidentemente, tuvo una corta pero brillante carrera.

Saltó a la fama en el torneo de San Sebastián en 1911. Allí ganó contra todo pronóstico y con una genialidad increíble, aun dedicando mucho menos tiempo a su entrenamiento que sus propios fuertes rivales. Sin embargo, Capablanca era muy adelantado a su tiempo y su comprensión de la estrategia era bastante superior a lo que se sabía para ese entonces.

La brillantez de sus partidas son un paradigma basado en la sencillez de los genios. Es decir, hacer que el aficionado crea que lo que es difícil es realmente fácil.

¡Capablanca, brillante!

Existen relatos en los cuales se afirma que Capablanca se acercó a una mesa en la cual varios maestros llevaban un largo rato analizando una posición difícil. Pero instantáneamente el ajedrecista diagnosticó:

“Para ganar hay que cambiar las damas, poner la torre en g6, el rey en e7, y todo se derrumba”.

Su mejor periodo fue anterior a su conquista del campeonato del mundo en 1921. Fue cuando jugó partidas más interesantes y demostró su superioridad ante sus contemporáneos, de ahí surgió el mito de su invencibilidad.

Capablanca fue cayendo por culpa de su gran pereza para practicar, además por algo de negligencia en su juego. Es por esto por lo que los expertos están convencidos de que hubiese llegado más lejos, de haberse preparado a conciencia.

Lo anterior refiriéndose a la disputa ante Alekhine (Aliojin), en la cual el cubano no pidió revancha, convirtiéndose así en una de las grandes frustraciones para los aficionados.

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